DATOS HISTÓRICOS DEL  SEMINARIO MAYOR ARQUIDIOCESANO “SAN PEDRO”

Por: Mons. José Mario Ruiz Navas, Arzobispo Emérito.

Al llegarse el 05 de octubre de cada año, llegan a mi mente cuantiosos recuerdos de cómo se emprendió el nuevo caminar de la Iglesia de Cristo en Manabí. Hoy tras los recuerdos y al haber transcurrido 25 años, está vigente la gratitud al Señor por hacernos partícipes como instrumentos en su gran obra de amor.

Es alucinador tener presente que la Iglesia y sus obras no nacen de cero, que son fruto realizado en un camino, en el que das la mano y te dan la mano. Recuerdo brevemente lo entregado y recibido en 1990, momento en el que la Arquidiócesis dio un nuevo paso.

La revolución del siglo XIX, restableció el régimen de Patronato sobre la Iglesia, suprimió la Diócesis de Portoviejo y expulso al grande Pedro Schumacher, 2do Obispo y junto a él fueron expulsados extranjeros en general: Sacerdotes Dehonianos, Salvatorianos, Capuchinos y en este suceso también a religiosas y a laicos.

A partir del Modus Vivendi (1937), Carlos Nicanor Gavilánez – 4to obispo y Luis Alfredo Carvajal – 5to Obispo, con sus pocos colaboradores logra estrechar la relación fraterna con el pueblo manabita, para lo cual fueron encomendando sacerdotes a cada uno de los cantones de Manabí a la medida posible como iban llegando. Sacerdotes Jesuitas, Mercedarios, Agustinos, luego llegaron Dehonianos, Salesianos, Redentoristas, Combonianos y Sacerdotes Diocesanos Eslovenos y Vascos. Así como también 7 sacerdotes ecuatorianos entre ellos 4 manabitas.

Un nuevo paso más en la Diócesis exigía crear un seminario para formar SACERDOTES MINISTROS, DIOCESANOS MANABITAS.

En la primera asamblea de planificación los 150 participantes descubrimos en la oración, reflexión y en experiencia como prioridad fundar un Seminario Mayor.

El nombre “San Pedro” invoca la protección del escogido por Jesús para pastorear,  en su nombre, en unión de sus hermanos Apóstoles, la Iglesia universal, una en la diversidad.

Núcleo de Formadores Sacerdotes, integrado por diocesanos ecuatorianos y por Religiosas

  • La autoestima no se aprende sólo teóricamente; se bebe en el ejemplo de la identidad diocesana vivida, de Formadores, que no buscan quedar bien, sino hacer el bien.
  • Uno de los signos de identidad del Seminario Mayor “San Pedro de Portoviejo” es tener, como núcleo de Formadores, a Sacerdotes diocesanos y a Religiosas integradas en el equipo de Formadores.
  • El magisterio de la Iglesia universal (Lumen Gentium y Presbyterorum Ordinis) señalaron el ADN de los Presbíteros, que el nuevo Seminario debía cultivar:
  • Enamorados de Cristo. El creciente enamoramiento de Jesús ha de ser el primer criterio para Ordenarlos Sacerdotes ministros.
  • Miembros de la fraternidad presbiteral, dentro del Presbiterio diocesano han de   colaborar con otros Sacerdotes, con Religiosos (as), con Laicos.
  • Han de ser servidores de la unidad en la Diócesis.
  • Incardinación, enraizamiento en una Diócesis, desde cuyo seno han de contribuir con su color, o identidad, en el arco iris, que es la Iglesia universal.
  • Conciencia de la necesidad del asesoramiento de especialistas en cada ciencia y técnica, y en diversas artes.
  • Creatividad desde la tradición, o sea desde el camino recorrido por la comunidad.
  • Jesús puso en mi camino a Melitón Bruque, Sacerdote diocesano de Jaén.  Él me guió a encontrarme con su  Obispo, Don Santiago  García Aracil. 
  • Consultado el Cabildo, Don Santiago aceptó ayudar con 4 Sacerdotes formadores eclesialmente polifacéticos durante 12 años.
  • Los Sacerdotes jienenses son fundadores de nuestro Seminario por su entrega a Cristo y a la Iglesia, por su testimonio de vida y trabajo  en equipo por su infaltable presencia y disponibilidad en el Seminario, para atender a los Seminaristas, por su empeño en cultivar y desarrollar la identidad ecuatoriana, alejada de la mediocridad, por su testimonio de estudio, por la creación de la biblioteca, etc., Que Jesús bendiga la Diócesis de Jaén.
  • Mientras tanto la Diócesis de Portoviejo prepararía a sus Sacerdotes diocesanos, especialmente en Roma, para iniciar un Núcleo de Formadores de Sacerdotes diocesanos ecuatorianos, que asumieron gradualmente, el décimo año plenamente, la dirección.
  • (La preparación es un proceso permanente) Formación en ciencias sagradas, en la apertura a la universalidad de la Iglesia y en la vivencia fraterna para encomendarles, no como a únicos, pero sí como a inmediatos responsables, la formación de la mente y del corazón de Sacerdotes diocesanos enamorados de Cristo, que camina hoy en el mundo y en la Iglesia.
  • Convicción de que el Sacerdote, para ser fiel a Cristo e iluminar con su luz un mundo cambiante, ha de asumir el hábito de orar, de estudiar la realidad e iluminarla con la Palabra de Dios y la enseñanza de la Iglesia.
  • La cultura de la imagen, siempre más invasiva, da todo mascado y deglutido. Hoy hay más necesidad que antes de conocer y reflexionar el día a día, para orientar responsablemente. El conocimiento reflexionado forma más.
  • Estudio y reflexión, siendo muy cercanos a la oración, alimentan la fidelidad
  • Si bien es verdad que los integrantes del equipo de formadores son los responsables inmediatos, es una verdad mayor la responsabilidad de los Sacerdotes, Religiosas y apóstoles Laicos. Han de demostrar su amor a Cristo, ayudando a jóvenes formando a recorrer el camino al sacerdocio ministerial.

El amor y seguimiento a Cristo de los Párrocos ha de ser medido por la apertura de los jóvenes a escuchar el llamado al sacerdocio ministerial.

El paso de Formadores jienenses a manabitas se realizó con el corazón y la mirada puestos en el presente y en el futuro de la Iglesia diocesana. El Presbítero Vicente Saltos, quien sirvió inicialmente como Vicerrector, realizó con éxito la tarea de primer rector ecuatoriano.

Terminado su período, se formó una terna con el resultado de la consulta al clero, a religiosas y a laicos cercanos al seminario. De esta terna elegí al Presbítero Vicente Zambrano Tuárez, como segundo Rector ecuatoriano.

Religiosas integran el equipo de Formadores.

En mi ministerio como Presbítero y como Obispo descubrí con creciente claridad y libertad la importancia del aporte específico de la mujer, especialmente de la Religiosa, en el servicio pastoral. Como una hermana, no súbdita, valorando sus dotes y su específico aporte espiritual.       

La Congregación de las Hermanas de los Pobres de Santa Catalina de Siena aceptó integrar el equipo  de los Formadores. 

Consta a todos los que las conocimos en el Seminario Mayor “San Pedro” de Portoviejo que su colaboración fue fructuosa y apreciada. Las Religiosas tienen su residencia  independiente, para ellas construida.

Religiosas de otras Congregaciones, como la Hermana María José González Blanch, de la Congregación de las Esclavas del Divino Corazón de Jesús, han colaborado  en la formación académica.

El edificio del Seminario, construido por el Arquitecto Chafik Saud; dentro y fuera de la ciudad, en terreno adquirido a la familia de la Señora Rosa The de Loor. Tiene tres ambientes: El ambiente interno está distribuido en 8 conjuntos habitacionales, que rodean la capilla. Esta constituye el centro del Seminario.

Puede acoger a 80 formandos y a los formadores… Se llegó progresivamente a acoger a  68 seminaristas, organizados en grupos, para formarlos en una vida en equipo. Desde 1992 el Seminario ha formado a 65 Sacerdotes diocesanos; de ellos 45 manabitas.

El ambiente externo está compuesto por las aulas de estudio,  biblioteca, comedor y  la residencia para las Religiosas.

Posteriormente se construyó Aula Magna “Don Pepe Coli”, que junta varios valores: capacidad para 460 personas, fino uso de la madera en puertas, mesas y sillas talladas. Lleva el nombre de Giuseppe Coli;  como signo de gratitud.

 

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