Mons. José Mario Ruiz Navas

Mons. José Mario Ruiz Navas

Monseñor José Mario Ruiz Navas, nace en Pujilí, provincia de Cotopaxi el 20 de julio de 1930. La instrucción secundaria la recibió en el colegio San Luis, mientras sus estudios de Filosofía los realizó en el seminario Mayor San José de Quito para luego efectuar estudios de Teología, Derecho Canónico y Ciencias Sociales en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma.

Es ordenado sacerdote en Roma el 17 de abril de 1954; acompaña al cardenal Carlos María de La Torre como su secretario al Cónclave en el que fue elegido como Papa Juan XXIII, participando en las cuatro etapas del Concilio Vaticano II.

A su regreso de Roma, en 1959, terminada su formación sacerdotal, la Conferencia
Episcopal le encarga la organización del Secretariado General, bajo la guía del cardenal Echeverría, entonces obispo de Ambato.

Durante nueve años promovió el apostolado seglar como asesor de Acción Católica y del Movimiento Familiar Cristiano en el país.

Segundo Obispo de la Diócesis de Latacunga en Cotopaxi

Mons. José Mario Ruiz Navas

El 12 de enero de 1969 es consagrado como segundo obispo de Latacunga para Cotopaxi, servicio pastoral que prestó 21 años. Su trabajo con los indígenas sentó las bases de lo que hoy es el Movimiento Indígena y su brazo político. Algunos de sus líderes se formaron con Monseñor Ruiz. Integró a la Comunicación como eje transversal del progreso de una comunidad. Radio Latacunga, es un ejemplo. Siempre preocupado por la labor del Estado en bien de los ciudadanos, con distancias. Lo dijo: “Juntos pero no revueltos”.

“Ni grande con los pequeños, ni pequeño con los grandes”. Así es su vida. Y por sobre todo buscando: “Que todos sean uno”. (Cfr. La Hora Cotopaxi 23 Ene 2019: Paulina Coronel Páez)

Cuarto Obispo de la Diócesis de Portoviejo para Manabí

Mons. José Mario Ruiz Navas

El ocho de diciembre de 1989 inicia su servicio pastoral como VI Obispo de Portoviejo para Manabí . Buscando que en la Iglesia todos ejerciten sus potencialidades, Destacando su preferencia por los pobres y los jóvenes, prueba de ello es la creación de centro artesanales y de atención a la juventud, dispensarios y botiquines comunitarios así como programas de saneamiento ambiental, junto a la conformación de 110 grupos de promoción de la mujer.
Crea Radio Católica Manabí para apoyar la evangelización en todos los aspectos de la vida de la provincia; al igual que el Seminario San Pedro, con lo que se está cumpliendo con el objetivo de crear sacerdotes manabitas para el servicio de esta arquidiócesis.
Frente a la Secretaría General o de las Comisiones y como Presidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana en tres periodos consecutivos (1993-2002) promueve, entre otros cambios, el paso del país de una catequesis verbalista a una que cuestiona la vida pastoral y social; la aprobación de la Ley de Libertad Educativa.

Primer Arzobispo de Portoviejo para Manabí

El 25 de febrero de 1994, Juan Pablo II elevó a Portoviejo a Arquidiócesis, nombrándolo Primer Arzobispo de Portoviejo para Manabí. A su lema bíblico «Que todos sean uno», sus biógrafos añaden, «Hacer el bien, antes que quedar bien».

A partir del 14 de septiembre de 2007 se convierte en Arzobispo emérito de la Arquidiócesis de Portoviejo.

¿Cuál de sus sueños o metas se han cumplido hasta ahora y cuáles no?

La meta es ponerse al servicio…Yo creo que en Cotopaxi el éxito fue el haber sintonizado y respetado a los pueblos indígenas, crear una mutua relación de afecto y la base de una organización con la cual los indígenas reedescubran su dignidad, con lo que ahora se están viendo los resultados. En Manabí, mi esfuerzo es comprender a los manabitas, respetarlos, pero evidentemente yo he renunciado a imitarlos.

¿Se arrepiente de algo en todo este tiempo?

Arrepentirme de ser sacerdote, no, en ningún momento, a pesar de haber tenido momentos de mucha dificultad de varios géneros, sobre todo al ser obispo en Latacunga, donde me pusieron como obispo a los 38 años. Había un problema muy serio de tensiones y el tratar de arreglar esas tensiones me contó mucho dolor, pero aun en el momento de máximo dolor, nunca me arrepentí de ser sacerdote.

¿Cómo ve la aceptación de parte del pueblo manabita?

Respondiendo a esa interrogante destaca que la experiencia ha sido gratificante y señala: «En estos 14 años de servicio en Manabí, pienso que se ha difundido la palabra de Dios, que es la finalidad, pero también la Arquidiócesis se ha organizado», señala.

Destaca así el crecimiento alcanzado: «Hay 30 nuevas comunidades de religiosas integradas en las parroquias, el Seminario Mayor, que es la base para el futuro de la Diócesis, creando sacerdotes manabitas que atiendan a la provincia».

Esto lo apunta entre uno de los grandes logros, pues a pesar de que por algún tiempo más, se continuará con la ayuda de sacerdotes extranjeros, opina que se ha crecido en este aspecto, recordando que a su llegada encontró siete sacerdotes manabitas, esto, producto de la carencia de Obispo que tuvo la provincia durante 53 años, luego de la expulsión de Pedro Schumacher entre 1895 hasta 1948 cuando fue consagrado obispo Carlos Nicanor Gavilanes, época que arrastró muchos vacíos, como la formación de catequistas que ahora llegan a cerca de ocho mil en toda la provincia.

Refiriéndose a su obra en Manabí, en especial la de infraestructura aclara: «No es que me gusta construir, pero me tocó. Lo que sucede es que no encontré infraestructuras, precisamente por esa falta de obispo durante 53 años y a pesar que mi misión es enseñar, es catequesis y celebración de sacramentos, cuando yo llegue acá creí oportuno dignificar la labor, pues Dios y Manabí necesitaban otra cosa, y Dios me ayudó a rehacer los templos en Manabí, para cambiar, por ejemplo, las casas parroquiales que no existían o eran demasiado elementales.

Al consultarle sobre cómo ve a Manabí, responde: «Que siga en el esfuerzo de mayor unión interna, Manabí es un pueblo con muchas cualidades pero se quedan estériles por la falta del esfuerzo común que hace que cada uno quiera ser protagonista, no haciendo protagonista a la provincia sino a la persona».

Califica a Manabí como un pueblo religioso, mucho más que la sierra, pero que aún tiene que madurar. Sin embargo explica que ser religioso no equivale a tener fe cristiana. «La persona religiosa busca a Dios para que Dios haga lo que yo quiero, …tanto que ha venido alguien a decir ‘bendiga mi pistola para que de en el corazón del enemigo’;este es el ejemplo de un hombre religioso pero ciertamente no cristiano.

Recuerda que el aspecto religioso no se separa del desarrollo de otros valores, y considerando que la provincia vive un resurgimiento relativamente reciente, la fe es también parte de esta transformación ‘que sí se logra’; por ejemplo, si, quienes tienen fe cristiana no venden su voto, no pagan ni piden coimas, llegan a tiempo o sonríen a la gente…»

Este criterio lo amplía al aspecto político del país, donde cree que aún prevalece la falta de madurez. Es en este punto donde debería existir consenso, señala, para que los ecuatorianos definan primero quién son y adónde quieren ir. «Si somos imitadores del norte, copiadores serviles del norte, hasta llamar Americanos a los EEUU o tenemos nuestra propia identidad…»

Esta falta de madurez, agrega, no viene de ahora ni de los recientes gobernantes, sino de todos nosotros, por lo que hay que ponerse de acuerdo para actuar y corregir la corrupción de quienes compran votos y faltan a la dignidad del pueblo, por ejemplo.

Esto, es parte del mensaje que extiende a los políticos a las puertas de un próximo proceso electoral, a quienes reitera que hay que identificar lo que se quiere conseguir, por ejemplo en momentos como el actual en que el país busca alternativas frente al ALCA y al pago de la deuda externa; temas que no se deben evadir, «…pero sí tenemos que dar pasos para ser más libres, para que no haya necesidad de destinar más de la mitad de un presupuesto solo para pagar interés de deuda».

Tomado de La Hora, Portoviejo 14 ABR, 2004